lunes, 6 de julio de 2009

Los caminos por transitar.


Me parece que, a pesar de llevar muchos caminos hollados, aún hay muchos más por transitar.
Son demasiados.
Una se asoma a un lado del sendero, donde una bifurcación hace adivinar diversos derroteros, y encuentra veredas a diestro y siniertro (algunas muy siniestras, en verdad), con lo que la decisión de cuál tomar se vuelve árdua.
¡Qué bien! ¡Una etapa nueva!, me digo ahora, que cierro una puerta para abrir otra. Pero ¡Oh sorpresa!: no es otra puerta, sino dos portones, tres ventanas y cuatro pasillos con sendos aposentos a cada lado. Y la alegría de perder de vista lo que no te agrada se disuelve ante el dilema de la multitud de posiblidades que se te presentan.
¿Y si no sé elegir bien? ¿Y si paso de largo ante la buena ruta? ¿Y si me lanzo por una pendiente, trastabillando hasta una hondonada de la que no sabré volver?
¡Isis, deja que no reflexione! ¡Déjame irreflexiva!
Quiero elegir y entrar en el camino como Alicia, sin saber dónde lleva y sin querer preguntármelo, como el Sombrerero Loco.