Aunque os parezca mentira, este verano me compré en Cádiz un librito (opúsculo con formato de octavilla) primorosamente editado por la Diputación de esa ciudad.
Me llamó la atención la encuadernación, reminiscencia de los días en que aprendí ese arte, días de mucha más calma para mí.
Pero, imnmediatamente después, me dí cuenta de que la providencia (aunque yo no creyera en ella) lo había puesto en mis manos por su título: "El arte de callar".
Después lo leí pausadamente (en vacaciones aún tenía lugar para la pausa) y me gustó también el contenido.
Ayer lo ví por una estantería y recordé todo lo que os he contado antes. Y hoy voy a empezar a volver a leerlo, ¡Que falta me hace!
Tengo mucho que callar y necesito que me ayuden a aprender a hacerlo.
Este librito pone su grano de arena y mi voluntad una tonelada de pedruscos.
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2 comentarios:
Tomar conciencia de lo que debimos callar o lo que debimos decir es el primer paso de este dificil arte de comunicarse.
Nos pasa a todos.
Un saludo.
Bien, muy bien. Valemos más por lo que callamos que por lo que mal decimos. Sabes que es una asignatura compartida.
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