jueves, 29 de enero de 2009

La gorra.

Hace tres días, en la secretaría del colegio apareció un paquete monísimo con el nombre de la secretaria escrito en letras mayúsculas.
La secretaria preguntó, a todo el que quiso oirla, quién había dejado ese paquete al lado de su silla. Como nadie le contestase afirmativamente (y para no desperdiciar lo que hubiese dentro), pensando que no tenía pinta de ser peligroso, se decidió a abrirlo. Dentro había un bolso monísimo, de los que van perfectamente con su estilo: ella es una mujer guapísima, con un tipazo y un look moderno, moderno.
En fin, que al día siguiente lo trajo, conjuntándolo con lo que encontró entre su vestuario, de modo que estaba super bien, supermoderna y superencantada con el regalito de la admiradora anónima.
(Y digo admiradora porque, como muy bien dice Mármara en su post de hoy, en los colegios casi no hay varones y los que hay en el nuestro, como si no estuvieran).
Y ayer ¡oh sorpresa sorpresiva! apareció encima de mi mesa un paquetito más pequeño, pero igual de prometedor.
Leí en él mi nombre, siempre en letras mayúsculas (que impiden rastrear la caligrafía de la donante), y me apresuré a rasgar el papel con emoción.
Dentro había una gorra de cuadros, blancos y negros.
Una monada de gorra.
Divina de la muerte (bueno, mejor sin muerte).
Y, así como antes la regaladora misteriosa había acertado plenamente en el estilo del bolso de la secretaria, conmigo había acertado... ¡con la talla!
He de explicar que me encantan los sombreros, gorros y toda clase de tocados, pero que mi cabecita es muy pequeña (de tamaño, ¿eh?, que de capacidad ya es otra cosa) y la mayoría de las cosas que se fabrican para ponerse en la cabeza me están enormes y me llegan por debajo de los ojos, aspecto con el que no puedo ir por la calle porque, mayormente, me daría con todo lo que se menea y con lo que no se menea también.
Así que, quien quiera que sea la que se ha decidido a hacerme un regalo, ha acertado doblemente: en el regalo en sí, porque me encanta todo lo que se pone en la cabeza, y en la talla (cuestión ésta mucho más sutil, porque ha tenido que mirarme detenidamente y pensar en mí).
Por todo lo cual:

GRACIAS, MAQUINADORA DE LA DÁDIVA
Hoy me la he puesto y no me la he quitado en todo el día. Mi hijo me ha dicho cómo hay que calársela para lucirla de lo más moderno y algunas compis jovencitas me han dicho que me sentaba muy bien.
Estoy entusiasmada.
Entre tanta incomprensión y tanta zancadilla, hay alguien que me regala una gorra. Por algo será.

miércoles, 28 de enero de 2009

El arte de callar

Aunque os parezca mentira, este verano me compré en Cádiz un librito (opúsculo con formato de octavilla) primorosamente editado por la Diputación de esa ciudad.
Me llamó la atención la encuadernación, reminiscencia de los días en que aprendí ese arte, días de mucha más calma para mí.
Pero, imnmediatamente después, me dí cuenta de que la providencia (aunque yo no creyera en ella) lo había puesto en mis manos por su título: "El arte de callar".
Después lo leí pausadamente (en vacaciones aún tenía lugar para la pausa) y me gustó también el contenido.
Ayer lo ví por una estantería y recordé todo lo que os he contado antes. Y hoy voy a empezar a volver a leerlo, ¡Que falta me hace!
Tengo mucho que callar y necesito que me ayuden a aprender a hacerlo.
Este librito pone su grano de arena y mi voluntad una tonelada de pedruscos.

domingo, 25 de enero de 2009

Pensamientos

Corren desbocados,
sin yugo ni freno.
Surcan en mi mente
caminos inéditos.

Son suyos, no míos.
Se dicen en mi,
mas no los domino.

Piensan a mi lado.
Usan mis palabras:
se dicen, se crean
ellos a sí mismos.
Y toman mi voz
para hablarme a gritos.

Recorren mi mente,
penetran mi estado
y yo los escucho
decirse en mi espacio.

A fuerza de oírlos
creo que son míos.
Pero no lo son:
yo no los domino.

jueves, 22 de enero de 2009

La gota de agua

Redonda,
completa.

La gota de agua
resbala
bajando
el costado del vaso.

Lenta,
inexorable.

La gota de agua
dibuja el trayecto
de nuestra existencia:
el ser inmutable
de lo que hemos sido
sin que lo deforme
lo que hemos pensado
después de vivirlo.

domingo, 11 de enero de 2009

Año nuevo ánimo nuevo

Hoy, por la mañana, en la cama, he pasado revista a mi vida. A todas las personas a las que he querido y a las que me han querido. Casi todo son buenos recuerdos. Y he pensado que, en el último tercio de mi vida, ya va siendo hora de que disfrute de las personas que me dicen que me quieren y, sobre todo, de las que quiero yo.
Voy a hacerlo con tranquilidad, con las menos ansiedades posibles.
Y una parte de esas personas a las que quiero, de una manera que no sé precisar ni definir, pero que es cierta y real, sois vosotras (y algún vosotros), los que estais del otro lado de la página. Los que esperais pacientemente a que os lea y me dejais repetir la lectura con la benevolencia de seguir estando cuando abro el PC. Disfruto de vosotras y dejo que me disfrutéis (si es que alguna lo hace, que creo que sí, porque me lo decís).
Así pues, con ánimo de disfrute de lo que tengo, me adelanto por el camino de este año, que me promete novedades. No sé si tiene intención de que las novedades sean muy agradables, pero yo voy a onligarle a que algunas lo sean.
Un beso a todas las que os dejéis besar (castamente, por supuesto).

domingo, 4 de enero de 2009

Resurgir

Una mano se asoma
En el bocal del pozo.
Un codo,
El brazo entero.
Y, de la grieta, surge
Un cuerpo
que se yergue.
Volver a ser.
De nuevo en el camino,
Esperando que no haya más resquicios
Por los que resbalar.
Ya no más pozos.