sábado, 24 de mayo de 2008

El goce y el disfrute

Me apetece disfrutar de mi existencia.
No quiero que mi mente calenturienta me incite a goces pasajeros, a goces aplazados, a goces que se acumulan haciendo cola para entrar en el tiempo que no tengo.
Voy a ver si paro un poquito y disfruto de lo que tengo, de la luz del día, de la cara de las personas que amo, de las clases que doy, de las amigas que me quieren....en fin: que voy a ver si paro un poco y me bajo de la noria en la que me han subido mis deseos desbocados.
(Que conste que a las palabras goce y disfrute no les aplico ningún grado diferente de valor. Las he usado así simplemente para diferenciar algo que solo está peleándose en mi mente, pero las dos me gustan por igual.)

martes, 20 de mayo de 2008

Las rayas de la mano

Las rayas de mis manos solían ser una de mis señas de identidad.
Una a miga un poco supersticiosa me dice que, cuando las lee, puede averiguar o recordar sucesos de mi vida. Yo no me creo nada, pero les tengo cariño: son mis rayas.
Pero, me temo que, desde el próximo 31 de mayo, voy a tener un nuevo mapa en mi mano izquierda. Me tienen que operar, por segunda vez.
Yo quería retrasarlo hasta octubre, para no trastornar el fin de curso, pero parece que el médico no quiere: dice que ya tiene comprometido el quirófano.
Así que, desde mañana, corre que te pillo a preparar el preoperatorio y todo eso.
Un beso, niñas, que ya, con escribirlo aquí, parece que me lo he tragado.

sábado, 17 de mayo de 2008

Vientos de cambio

Vientos de cambio me rondan.
Vientos de cambio.
No sé si los deseo
Y están llegando.
Lo que fue se termina
Se va escapando,
Se escurre entre mis dedos:
Quiero atraparlo.
Aunque sé que es pasado
Que ha terminado.
Sopla un viento de cambio
Que me desnuda
Y deja mi piel lista
Para otra muda.

miércoles, 14 de mayo de 2008

Un paso más

Otro tiempo
otra escena
otro paso adelante
que no me acerca.

Y, sin embargo,
el sitio no es el mismo.
La experiencia no es nueva,
Pero el sitio es distinto.

Un poco más domada
la llegua desbocada
del pensamiento.

Un poco más pulida
la piedra irregular
al tacto de los días.

Un poco más arriba
la comisura
de la sonrisa.

Un poco más sencillo
mirar lo que sucede.
Un poco más sencillo.

Un poco más sereno
el disfrute del tiempo
aunque aún no me acerco
a poder disfrutar
de la tranquilidad
de la gente que quiero.

viernes, 2 de mayo de 2008

El parque II

De modo que ese día estaba sentada en un banco, leyendo un libro. Pero Marina no la vio. Iba deprisa, pensando en sus cosas.

Había tenido un día pésimo. Todas las cosas que había hecho eran para antesdeayer, así que, aunque había currado de lo lindo, no le había lucido nada. Y, para colmo, había tenidoun mal encuentro con la secretaria de una colega, que no la tragaba. Bueno, que no se tragaban mutuamente. Y es que esa chica tenía una desfachatez! Tendría por lo menos diez años menos que ella, pero, como estaba casada y tenía un niño, creía que tenía bula para faltar al trabajo o dejarlo desatendido cuando le viniera en gana. ¡En fin!, que la había tenido con ella por no haber avisado a su colega para una reunión, que ahora, por su culpa, tenía que aplazarse. Y eso le descolocaba toda lagenda...¡Uf! qué harta estaba de la ineficacia, diosss!

Pues eso: que había tenido un día de mucho trabajo, pero poco satisfactorio y, de camino a casa, atravesando el parque, no veía nada ni a nadie. Pensaba en sus cosas y no vio a Teresa.

Unos días atrás había considerado la posibilidad de cambiar de residencia.
El barrio en que vivía era cómodo y los parques que le rodeaban le hacían muy agradable los días de fiesta, pero estaba un poco muy lleno de gente, cuando volvía del trabajo.
Ella necesitaba un lugar más silencioso, más reservado.
Había pensado en mudarse a un chalet de La Moraleja. De la parte nueva que estaba muy bien comunicada, porque se salía a la autopista enseguida y se ponía una en Madrid en un pis-pas. O eso decían los anuncios de chalés. También tendría jardín, pero sería suyo propio y no tendría que aguantar los grititos de los niños mientras jugaban. Y la luz, esa luz que se filtraba entre los árboles y que tanto la satisfacía, estaría también en su jardín.

Pero ese día en que volvía del trabajo ensimismada, no pensaba en chalés ni nada de eso. Simplemente pasaba por el parque, disfrutando de la luz y el verdor.

Y no la vio.