domingo, 6 de abril de 2008

La sonrisa

Hacía tiempo que no llevaba en su boca una verdadera sonrisa.

Sonreía, sí,en variadas circunstancias, pero eran sonrisas postizas, como cuando una se pone un traje prestado, que parece que te sienta bien pero que tú sabes que lleva la cremallera medio desabrochada bajo el gersey, porque te está un poco estrecho.
La sonrisa suya, la que la llenaba de satisfacción, mejor dicho,la que la aparecía en la boca cuando ella estaba llena de satisfacción, hacía mucho que no la experimentaba.

Pero hoy había sonreído. Ella misma. Sin proponérselo. Sin obligarse.

Se dió cuenta de que esa sensación era la que había estado buscando durante mucho tiempo.
Pero, por más que analizaba lo que había sucedido alrededor de ese momento, no lograba saber por qué había sonreído. Quizá fuera la ausencia de aquel peso, de aquella bola de nieve que había ido creciendo con el tiempo a partir de la persecución de un deseo imposible.

Se había deshecho de ella con un respingo, como el que una se dá después de una ducha para quitarse el exceso de agua del cuerpo.

Y ahora se sentía bien y sonreía.

3 comentarios:

dintel dijo...

Ese peso es lo peor que podemos arrastrar por la vida. Hay que desprenderse de todo lastre.

Conso dijo...

Eso eso, a ver si, de una vez por todas, abandonas el lastre y tepones TUS trajes, que te sientan mejor que los prestados.
Mirar y ver. Oir y escuchar.Analizar y razonar....tu ya me entiendes, que los milagros hay que favorecerlos.

Merypipis dijo...

Siempre he adorado una bonita, y sincera sonrisa...

Cautivador ;)