viernes, 4 de abril de 2008

La luna y el pozo

Una noche la luna estaba en el cielo.

Andaba su camino lentamente, como cada noche.

Normalmente, mientras iba de un lado a otro de la tierra, ella solía ocupar su mente con sus pensamientos. No solía mirar el paisaje. Era conocido y casi siempre estaba oscuro.

Pero, ese día, la luna estaba llena de sí misma y daba una claridad lechosa que permitía ver, o mejor atisbar, las cosas allí abajo.

Así que vió el pozo.

"¡Qué bien se debe estar allí dentro, resguardadita de todo, sin que te moleste nada, ni nada te alcance!", se dijo a sí misma. "¡Si pasara por allí....!

Porque, claro, la luna no puede pasar por donde quiere, sin por dónde le toca la órbita.

De modo que esperó, siguiendo su lento avance. Esperó y hasta empujó hacia adelante, en un intento de forzar la marcha de su paso nocturno. Pero el tiempo es un tirano inamovible, que va asu ritmo constante y pasa despacio cuando queremos que corra. Como veía lejana su meta, se dedicó a otras cosas y otros pensamientos.

De modo que la luna casi se había olvidado del pozo cuando, en una fugaz mirada hacia abajo, se dió cuenta de que estaba dentro de él.

¡Qué emoción! ¡Qué bien iba a sentirse ahí dentro! ¡Qué protección la de sus muros de piedra frente a las ráfagas del viento de la indiferencia, los arañazos de los animales que te desgarran de pena, los empujones de las nubes celosas que pretenden hacerte sombra!

Se dispuso a disfrutar de su refugio y a descubrir de lo que éste se componía.

A su alrededor, las piedras del bocal eran rugosas. Ariscas, como si le dieran la espalda y su lado amable, el liso y reluciente, solo quisieran enseñarlo hacia afuera, al que viene a baber y se va.

El agua del fondo estaba profunda, lejana. Y era oscura como ... ¡la boca de un pozo!

De repente sintió que quería salir de allí. Ya no le parecía el lugar reconfortante que mirase desde arriba y desde fuera. Ahora lo sentía agobiante, restrictor, represivo.

"¡Quiero salir de aquí!", gritó.

Pero el bocal no la miraba y la cuerda del cubo se desentendía. El agua del fondo tampoco parecía propicia.

La luna gritó y chilló . Pero el tiempo, como ya dijimos antes no se inmuta por nadie. Pidió socorro y se enfureció. El tiempo siguió su curso, impertrbable. Finalmente pidió auxilio y suplico, pero el tiempo, ni siquiera contestó.

Entonces trató de empujar con todas sus fuerzas hacia adelante, como antes lo había hecho para llegar antes al pozo. Como vió que sus esfuerzos no tenían nigún resultado, después de llorar de rabia, de dolor y de amargura, se durmió, por tanto esfuerzo realizado.

Unas horas después, abrió los ojos con un suspiro y se resignó a recostarse en las piedras del bocal. Pero...."¡ya no estaba en el pozo!

El tiempo, que todo hace pasar, había transcurrido.

3 comentarios:

Conso dijo...

A verrrr, luna llena de ti misma:
¿pediste ayuda y nadie respondió?..
¿seguro? O ¿la luna se llevó el corte de su vida decepcionada y no supo ver más allá?...
(ya sabes, habló quien pudo).

Merypipis dijo...

siempre hay una grieta en l pared que hace al pozo un agujero del que con muchas fuerzas se puede salir...

Si nos tienden la cuerda, es más fácil...
Por suerte l tiempo hace que la gravedad actúe y la cuerda caiga ;)


Encantador, a la vez que inquietante.

dintel dijo...

Buena metáfora para afrontar la vida.